20.11.11

Sobre Cuaderno de Binissaida

De vegades, l'alegria i l'orgull s'imposen a la modèstia i la prudència. Això passa avui, així que enllaço aquest text d'Andrés Trapiello i reprodueixo el següent d'Inés Martínez, ambdós sobre el Cuaderno de Binissaida.

(a)brazada literaria

En el mes de junio de 2011, la editorial sevillana Los Papeles del Sitio acabó de imprimir y coser a mano Cuaderno de Binissaida, del catalán Àlex Figueras. Poco sabemos de este escritor (aparentemente) novel. Una rápida búsqueda en Google nos engarza con un blog escrito por él, cuya primera entrada está registrada el 17 de febrero de 2006 y la última, hace apenas unas horas. Poco tendría pues de novel este autor si no fuera por su propio empeño de guarecerse bajo esta condición.
Sólo con pasear los dedos sobre este cuidado libro impreso en papel verjurado de Antalis, del que se han hecho cien ejemplares numerados a mano, el lector podrá vislumbrar el verdadero alcance de aquel Encuentro de Binissaida, del que poca cosa se dice a título informativo, pues el cuándo y el quiénes aparecen intencionadamente velados. Es el enorme hilván en hilo de seda azul que despunta en mitad del libro lo que nos retrotrae a ese mar omnipresente, enmarcado por los tres majestuosos arcos de la concurrida galería, prometido pero casi inalcanzable, que tanto anhela Figueras. ¿Qué si no es metáfora de escritura en este libro? ¿No es sino un viaje iniciático el paseo de Figueras por entre esos muros de piedra seca claustrofóbicos en su búsqueda por la pulsión de su propio mar de escritura?
El autor hace gala de un buen dominio del lenguaje. Su estilo, descriptivo, sencillo a la par que elegante, y el engranaje equilibrado de los capítulos, empuja a una lectura pausada que deja con muy buen sabor de boca. Mas el lector querría más. No sólo más escritura, sino más Figueras. Porque el autor adolece de dos debilidades: la poca convicción en su valor como escritor y la mucha supeditación al maestro, velado en el libro tras una enigmática D., pero fácilmente reconocible en la figura de Andrés Trapiello, pues las referencias a él son constantes, como la alusión al salón de pasos perdidos cuando describe el pozo que ocupa el jardín de la majestuosa casa, la transcripción del poema E.D. que el escritor leonés dedicó a Emily Dickinson y el ocultamiento de la verdadera identidad de los personajes tras una inicial seguida de punto.
La primera de esas dos debilidades aparece en la página 14, cuando el autor se sorprende ante el hecho de que el personaje I. le reconozca ya en el aeropuerto de Barcelona como uno de los asistentes a Binissaida, sita en la isla de Menorca. “Es curioso, porque yo nunca habría imaginado eso si hubiera visto a alguien como yo”, escribe el autor. Esta inseguridad en su propio ser nos lleva a la segunda de las debilidades, cuando el escritor (porque Figueras, le guste o no, es antes escritor que lector) afirma que no concibe escribir sin leer, y que es incapaz de escribir cuando enlaza una mala racha de lecturas. Siguiendo la diabólica manía de escribir de Josep Pla o haciendo fe del dicho popular catalán Que el llegir no et faci perdre l’escriptura, yo aconsejaría a Figueras que derrumbe de una vez por todas esos muros de piedra seca que lo aprisionan y busque en libertad su propia voz en la escritura.
Es pues Cuaderno de Binissaida una hermosa brazada sobre el mar de la escritura. Pero todo buen nadador que se precie sabe que un día tiene que dejar atrás las enseñanzas del instructor y que una única brazada en libertad no lleva a ninguna parte, pues es la suma de ellas lo que permite sentir la extraordinaria sensación del agua deslizándose por la piel de la escritura. La abrazada que se regaló esta enigmática comunión de personas en Binissaida es pues punto de llegada pero también punto de partida del genuino Figueras que nos queda por descubrir.

1 comentari:

Anònim ha dit...

Renoi Àlex, es per estar molt satisfet, felicitats. Fes cas però dels consells del mestre. Una abraçada. Pau V